Estoy mejor,
aunque con fluctuaciones,
y sigo precisando de medicación
cada vez que me muevo
más de la cuenta y me vuelven
los síntomas
que me incapacitan tanto,
encarcelándome a la inmovilidad
casi total.
Estoy intentando
desarrollar paciencia
para que no me rebrote
la ansiedad ni el desánimo.
Y en éso estoy,
sueño con dar pasos firmes
sin inestabilidad,
sin riesgo de caerme y tropezar,
y tener un nivel de actividad
totalmente normal
sin que se me reproduzcan síntomas.
Ni naúseas, ni giro objetos
ni nada,
pero el mundo sigue girando
a su propio ritmo
y sigue latiendo
lejos de los que estamos
más o menos fuera
y lejos,
con sus propias preocupaciones
y necesidades,
tal vez igual que me pasa a mi,
intento tener la esperanza
que ya no parece haber en el mundo,
o tal vez sea yo la que esté
errada,
y no haya esperanza alguna,
y el futuro sea poder
caminar entre cadáveres,
no lo sé.
Porque yo quiero y necesito
tener esperanza,
aunque todo pinte mal
en tantos y tantos aspectos.
Me niego, aparte de estar en mi,
mis cárceles habituales
o propias
a hundir aún más mi ánimo.
Y no es que nunca se me haya hundido
ni caminado por un sendero no exento
de tristezas, o cuajado de luz,
pero estoy cansada de pensar
que ya no hay esperanza,
que todo está podrido
y muerto,
y no hay luz para ningún corazón.
Me parecen pequeños
e insignificantes
mis problemas comparados
con los del mundo,
pero necesito tener ésa esperanza
en que las cosas pudieran mejorar
y el mundo saliera fortalecido
de todas sus penas.
Porque el mundo late
en cada corazón humano
en busca de luz,
y la esperanza
es el peldaño
que mejor ayuda
a sobrellevar cualquier dificultad,
aunque todo pinte negro,
o gris,
y vivamos en medio de las tinieblas.