Acunando penas, destrozando negruras,
intentando elevar el alma que aplastada
ya no sabe ni dónde murió.
Duendecillos Verdes del Bosque Mágico, sé que os habeis reproducido, y estáis escondidos por ahí.
Pero no os voy a despertar de vuestros juegos, ni tampoco quiero que os perdais una siesta grata al lado del río de vuestras simpáticas vidas...
Así que me voy.
Un beso, Duendecillos ...

Un beso Campanilla.
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